En un pequeño rincón de Bahía Solano, en los recónditos bosques del Chocó, donde la brisa del mar acaricia la selva y los sabores ancestrales trascienden, surge la historia de Doraly Bermúdez, la mayor de ocho hermanos, quien encontró su pasión en las tradiciones culinarias transmitidas por generaciones en su comunidad. Con el apoyo del Fondo Mujer Libre y Productiva de la Vicepresidencia de la República, ha logrado construir un proyecto productivo lleno de sabor.
«Para mí, cada dulce es un pedacito de historia, un lazo que une a nuestra gente», comenta Doraly con orgullo, quien también asegura: «Quería compartir ese legado y honrarlo a través de ‘Productos Vachó’».
Desde temprana edad aprendió de las tradiciones ancestrales gastronómicas de su familia, como lo es el viche de caña o la fabricación de dulces caseros como la mermelada de borojó.
Estos ‘mecatos’ eran más que un simple postre. Representaban la unión entre vecinos, especialmente, en festividades como la Semana Santa, dónde cada casa compartía sus creaciones con los demás y así sucesivamente.
Fué a allí, en su comunidad, donde Dorleys tuvo sus primeros acercamientos con los frutos típicos de su tierra, aprendiendo a extraer el aceite de coco y sus múltiples usos y beneficios en la cocina, la piel y hasta el cabello.Con el nacimiento de sus hijos, Doraly vio en la venta de dulces una oportunidad para tener un sustento. Así comenzó su travesía, elaborando cocadas, mermeladas y su producto estrella: el arequipe de coco. Poco después este experimento se convertiría en ‘Productos Vachó’, un homenaje a sus raíces y a su querido corregimiento, El Valle – Chocó.